• La pandemia desatada a principios de este año impactó, también, en la industria del cine y los films a estrenar durante el 2020. Un ejemplo de ello es The King of Staten Island, la última película de Judd Apatow con guion de Pete Davidson, la nueva revelación del cine y la tv.

Gaby Ortiz

La última película de Judd Apatow, The King of Staten Island, iba a estrenarse en las salas de cine el pasado 19 de junio. Pero como casi todos lanzamientos programados para este año, el film debió suspender su estreno por la situación actual mundial. Esto llevó a que pase directo al servicio on demand, y a quedar alojado en plataformas como Prime Video, YouTube, Apple TV, Google Play, entre otras.

The King of Staten Island presenta a Scott, un joven adulto de 24 años que se pasa los días fumando marihuana y jugando videojuegos con sus amigos. La muerte de su padre cuando él tenía tan solo 7 años, sumado a su trastorno de déficit de atención, hicieron que Scott creciera con baja autoestima y sin aspiraciones profesionales o personales. Pero su monótona vida comienza a desestabilizarse cuando su hermana menor deja su hogar para ir a la universidad y, lo que es peor, su madre comienza una relación con un bombero, un hombre con la misma labor que realizaba su padre.

Esta nueva apuesta de Judd Apatow se encuentra alejada de sus producciones anteriores, las cuales lo volvieron el mayor referente de la Nueva Comedia Americana. Títulos como Virgen a los 40 (2005), Ligeramente Embarazada (2007) o Bienvenido a los 40 (2012) eran divertidas comedias con algunos toques dramáticos; pero The King of Staten Island es un claro drama con gags sutiles y algunos diálogos frenéticos que le agregan cierta comicidad a la vida de un joven conflictuado.

Así, el film se vuelve un quiebre en la carrera de su director, pero también mantiene algunas constantes. La larga duración de sus proyectos, algo poco común en las comedias, permite que Apatow desarrolle sus personajes hasta en sus pequeñas peculiaridades. The King of Staten Island, con más de dos horas de duración, construye detalladamente a cada sujeto y más aún a su protagonista. Interpretado por Pete Davidson, Scott tiene la característica recurrente de los personajes de Apatow: un joven que por algún motivo no ha podido madurar y se comporta como un adolescente.

 

Sin embargo, este personaje principal es un poco más complejo que los anteriores del director. El motivo mayor es que el argumento contiene datos autobiográficos de su coguionista Pete Davidson, quien perdió a su padre bombero en los acontecimientos del 9/11 y contó haber sufrido algunos problemas psiquiátricos años atrás. Este actor/escritor, que se dio a conocer en Saturday Night Live, le aporta un nuevo sentido del humor a la obra de Apatow, volviendo a The King of Staten Island una comedia sobria y “real”.

Uno de los grandes aciertos de este film es, justamente, no haber convertido a la historia de Davidson en un cúmulo de golpes bajos. Es que el relato gira en torno a la construcción de la identidad y a hacerse cargo de lo que a cada uno le tocó vivir, por más traumático que haya sido, pero desde el humor. Scott es un personaje que se rinde frente a las limitaciones sociales que son producto de su déficit de atención, y exhibe sus heridas como mecanismo de defensa incomodando a todos los que lo rodean, incluso su propia familia. Pero sus esfuerzos por no salir del cómodo lugar de víctima generan situaciones delirantes y entretenidas para el espectador que puede empatizar con ese descarriado joven adulto, sin sentir rechazo.

Sin escenas o discursos trágicos, la película logra entender los traumas de su protagonista y acompañarlo en su proceso de cambio y crecimiento emocional. Pero este guion también logra destacarse gracias a la actuación divertida y vulnerable de Davidson, y a los personajes que lo rodean; porque el film no solo se encuentra integrado por una nueva generación de actores, como la fresca Bel Powley (Diary of a Teenage Girl), sino también por míticas figuras como Steve Bucemmi y Marisa Tomai. Así, estos componentes convierten al último trabajo de Apatow en su comedia más honesta, visceral y dramática; tal vez la primera de varias en un cambio de estilo.

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