Pedro Saborido o el indiscreto encanto de la ironía

El talentoso guionista de Diego Capusotto y sus vídeos, acaba de publicar su cuarto libro. Su cuarta historia. En este caso: Una historia en la vida del capitalismo. Pasemos y veamos. Con su permiso, estimado Pedro.

0
17

Una historia del futbol, Una historia del peronismo, Una historia del conurbano fueron los libros e historias que precedieron al actual trabajo. El brillante e hilarante (rima involuntaria), creador de personajes de culto como Micky Vainilla, Violencia Rivas y Pomelo, entre tantos otros, nos anuncia: muchachos y muchachas vivimos en el capitalismo y eso, lo sepamos conscientemente o no, nos obliga a determinadas conductas. Más allá de nuestro anclaje social, que el escribidor bien lo sabe y explicita.

Si el humor es una cosa “seria”, como decía ya a esta altura no nos acordamos quién, ese precepto se cumple con creces en los opus saborideanos. Aun en el que trataba de futbol (quizás el más transitado) encontramos la profundidad luego del sarcasmo y la ironía. En todos se halla esa sensibilidad para “captar” situaciones, expresiones y diálogos casi literales de lo que con cierta liviandad llamaremos “el habla popular”. Se nos viene a la cabeza el Negro Fontanarrosa como un valioso antecedente de esa característica. O Puig, pero ya en otra dimensión.

Cuando uno termina de leer Una historia del peronismo, no queda muy en claro qué es “el movimiento”, pues como dice el propio Saborido “hay peronismos para todo gusto y placer: elija el suyo”, nosotros los trotskistas también “elegimos” y tenemos una caracterización del peronismo.  Pero de lo que no le quedarán dudas al lector o lectora, es identificar, saber, qué es un gorila. Y un tilingo, ésos que abren una panadería en Pilar y la ponen de nombre “Bakery”.

Pero la cosa es hablar de la última historia publicada. Y ya el título es un logro: La vida en el capitalismo (el liberal, el agroexportador, el keynesiano, el ultra liberal, ya volveremos sobre esto). Como dice el mismo Saborido “ese coreano que publica un libro cada quince días” (se refiere a Byung-Chul Han) ya escribió sobre cosas que se dicen aquí. Esto lo decimos nosotros: Pedro (¿nos permitís este grado de confianza?): lo haces igual de profundo, pero mucho más ameno y corrosivo que el coreano radicado en la tierra de Heidegger. Los capítulos sobre el consumo, los culos, las interminables esperas, el selfie service y la tecnología e inteligencia artificial, todos ellos, son una ametralladora de diatribas y verdades fáciles de constatar en el capitalismo. Imposible “no ver ni escuchar” a Violencia Rivas, mientras las leemos. Cada uno de ellos está rematado con “sesudas” reflexiones de “especialistas” en el área que se ha escogido (nótese, por si no se dieron cuenta, la importancia de las comillas en dicha frase).

Especial atención y carcajadas, nos despiertan el Cayetano que, como el peronismo, está para atenuar las peores cosas del capitalismo y convertirlo en “capitalismo humano” (las comillas son del autor), y el narrador se pregunta si eso no resultase, por qué el santo no comanda una “dictadura mística del proletariado”. La de los delegados fabriles, uno peronista combativo y otro trosko, tampoco tiene desperdicio, como asimismo el contrapunto entre Vandor (“A.T. Van door”, se pronuncia “Ei Ti Vandur”) y Marx. Es tremendo también (a riesgo de spoilear la trama) el trabajador argentino que se hace pasar por venezolano, para que lo contraten, aunque más no sea con trabajo precario. Nos morimos de solo imaginar a Capusotto en la piel de ese laburante, empleando la tonada caraqueña, mientras hace guiños cómplices a la cámara.

El libro se cierra con un anexo histórico titulado “la historia del capitalismo más o menos contada”. Paradójicamente, salvo en el título de los apartados, el desarrollo carece de las pinceladas de humor y sarcasmo que caracterizan los escritos de PS. El mismo repasa lo prometido y también incursiona en rasgos centrales de teorías económicas desde el liberalismo clásico, Marx, Walras, los marginalistas, y Keynes; hasta los neoliberales de los setenta del siglo pasado. Es didáctico y dentro de lo que permite la extensión, es correcto (sin mencionarla de esa manera, toma la ley del valor iniciada por Smith, Ricardo y superada por Marx).

A riesgo querido Pedro, que nos espetes, parafraseando a un personaje de Arlt, un “rajá troskito rajá”, nos permitimos un par de observaciones, sobre el citado anexo. Y como no tenemos abuela, decimos que tenemos la autoridad para hacerla, ya que somos una corriente que trata de reforzar el estudio de la realidad y, además, tanto las intervenciones de Manuela, como la de los compañeros en fábrica, son escuchadas con respeto porque las y los laburantes, poseen el instinto, digámoslo así, de distinguir una intervención gorila o pedante de una que sí lo es. Pese a que no somos peronistas, ni kirchneristas, sino socialistas revolucionarios.

A saber: falta en el apartado sobre Marx, la parte propositiva del mismo. Podría ser un dato menor, pese a que, en otras corrientes, sí, dicho aspecto se halla presente. El tema es que cuando el anexo se refiere a los sistemas de la URSS y del régimen cubano, diciendo que “habían adoptado las ideas de Marx” (sin comillas en el libro), la cosa cojea de un pie. Y ahí, Pedro, con todo respeto dicho, estás con pésimas compañías: la de Kissinger, la impresentable Ayn Rand y Juan Pablo II, hasta los nativos Joaquín Morales Solá, López Murphy y Millei, que ponen el mismo signo igual: URSS, Stalin, Castrismo (además del “gordito” de Corea del Norte) son expresiones fidedignas de las ideas del barbado alemán.

Bueno, eso. Te seguimos leyendo y cagándonos (no nos vamos asustar por el término) de risa, con tus creaciones literarias y televisivas. O en formato digital, acorde a los tiempos que corren, esos del capitalismo de la IA (“inteligencia e idiotez artificiales”), ese lugar en donde “hemos pasado del temor a Dios al temor a los mercados”, ¿vio? Y ya que estamos, tomemos de la “ingeniera” del libro, un aspecto propositivo (al cual habría que pulir un poco, saben cómo somos los troskos) cuando dice: ¡Hagámoslos nuestros! Pongamos a la tecnología y a los mercados de rodillas y al servicio del ser humano. ¡Pobres del mundo, uníos!

Sumate a la discusión dejando un comentario:

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí