Lightyear y el beso que hizo estallar a los reaccionarios

El film escandalizó a los sectores más reaccionarios y fue prohibido en 14 países. Es la primer película de Disney en escenificar un beso entre dos mujeres.

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“Siete cosas que debes saber si vas con tus hijos a ver Lightyear”. Así titula Walter Sánchez Silva su nota en “ACI prensa”, la Agencia Católica de Informaciones. De las 7 verdades, entre las que resaltan caracterizaciones muy científicas como que “los padres son los principales formadores de los hijos” o “es esencial defender la inocencia de los niños” una sola puede considerarse acertada: la película “Es una expresión del “orgullo” gay o LGBT”. En efecto, el movimiento LGBTT+ viene conquistando importantes reivindicaciones en todo el globo y una de ellas es la representación en los medios de comunicación y las diferentes esferas de la cultura.

La “polémica” empezó con sectores conservadores exigiendo la censura de la escena donde dos mujeres protagonizan el primer beso lesbiano de Disney y terminó llevando a que en algunos países directamente se prohibiera su estreno en cines. Es el caso de Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Arabia Saudí, Egipto, Kuwait, Omán, Qatar, Malasia, Indonesia, Jordania y Líbano, entre otros. La mayoría de estos países, sin embargo, están dirigidos por gobiernos ultra reaccionarios, misóginos y represores donde la violencia hacia las mujeres y diversidades es ley.

El odio desatado por la película es la reacción ante el avance de un movimiento que viene conquistando derechos y visibilidad en distintas partes del globo. En Argentina, las leyes de matrimonio igualitario, de identidad de género, la promoción de la ESI – aunque su implementación quede supeditada a las “creencias” de cada institución- y el derecho al aborto legal para todas las mujeres y personas gestantes son conquistas que dan fuerza al movimiento.

Su correlato en el terreno de la cultura tiene por ejemplo el Gardel obtenido por Marilina Bertoldi, primera mujer en ganarlo luego de Mercedes Sosa a fines del siglo pasado, y primera lesbiana reconocida en toda la historia de los premios. A nivel internacional, basta ver la última temporada de la ultra famosa Sex and the City o la sección LGBTT+ de Netflix para notar que hay un cambio en la representación de este colectivo.

Esta representación, lejos de significar un adoctrinamiento, como denuncian los sectores más reaccionarios en todo el mundo, es una respuesta del mercado de la cultura ante la idea cada vez más extendida de que las personas LGBTT+ merecen derechos y que sus historias sean contadas.

En Argentina, estamos en medio de un debate a nivel nacional por la prohibición del lenguaje inclusivo en las escuelas porteñas que anunciaron el Jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta y su ministra Soledad Acuña. Más allá de los argumentos a favor y en contra de esta prohibición, que hemos desarrollado en otras ocasiones en este mismo medio, se pone de manifiesto que existe una avanzada de los sectores más reaccionarios de la sociedad que se escandaliza con las transformaciones genuinas que vienen de parte de la juventud y el movimiento de mujeres y LGBTT+.

En este mismo momento, las mujeres norteamericanas se encuentran luchando por defender un derecho tan fundamental como el aborto legal, que el movimiento feminista conquistó en 1973 obteniendo una sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos, la misma institución que busca dar marcha atrás con ese derecho.

En Japón, donde el matrimonio entre personas del mismo sexo todavía no es legal, el Tribunal del Distrito de Osaka viene de dictar una sentencia que respaldó la postura del Gobierno japonés de seguir negando este derecho.

Es decir que este escándalo por una escena que dura literalmente seis segundos no es un hecho aislado, surge en un contexto de avanzada contra los derechos de las mujeres y la comunidad LGBTT+.

Las manos detrás de los gigantes PIXAR y Disney

«Nosotros, en Pixar, hemos sido testigos de primera mano de historias hermosas llenas de personajes diversos que vuelven de las revisiones corporativas de Disney reducidas a migajas de lo que alguna vez fueron». Estas fueron las declaraciones del colectivo de trabajadores de Pixar que publicó una carta abierta denunciando la censura por parte de la millonaria firma. «Incluso si crear contenido LGTBQIA+ es la respuesta para arreglar la legislación discriminatoria en el mundo, se nos prohíbe crearlo».

Se refieren a la ley promovida por el Estado de Florida en Estados Unidos oficialmente denominada “Parental Rights in Education” pero conocida como “Don´t Say Gay”, que busca prohibir la temática de diversidad sexual en las escuelas.

La tibia respuesta de Disney así como una denuncia que señala el financiamiento de la compañía hacia los sponsors de la ley antiderechos obligaron al CEO Bob Chapek a expresar un “unwavering commitment to the LGBTQ+ community”. En castellano: una careteada impresionante. En cuanto a Ligthyear, fueron les trabajadores de PIXAR –y no los millonarios directivos que viven de su labor artística- quienes defendieron de forma inclaudicable la escena del beso entre dos mujeres frente a los intentos de censura.

Romper la pantalla, salir del closet, tomar las calles

La creciente polarización en un mundo que enfrenta problemas cada vez más profundos y que el capitalismo no logra resolver, produce choques entre un movimiento que viene conquistando derechos y aquellos sectores reaccionarios que tironean para meternos de nuevo en el closet. En el mes del orgullo, a 53 años de la Revuelta de Stonewall, la lucha por el derecho a vivir la sexualidad y la identidad libremente está a la orden del día y lejos de haber terminado.

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