• Reseña de la nueva edición del “Manifiesto por un arte revolucionario independiente”, escrito por León Trotsky, Diego Rivera y André Breton.

Guillermo Pessoa

La editorial Siglo XXI reeditó hace algunos meses un pequeño trabajo de Trotsky en colaboración con André Breton y el cual firma también el pintor Diego Rivera: Manifiesto por un arte revolucionario independiente 1. Fue elaborado en el exilio mexicano del revolucionario ruso en 1938. La cuidada edición contiene fotos de los autores, algunas realmente poco difundidas. Hay una presentación del sociólogo marxista Michael Lowy, una introducción del historiador argentino Horacio Tarcus (encargado de estas ediciones) y un discurso junto a una entrevista al artista francés.

El artículo de Lowy contiene una apreciación aguda: señala que la crítica a los artistas que “se arrodillaron” ante las distintas expresiones estalinistas y “vendieron” sus trabajos a dicho aparato, deja un poco oculta la condena a esos otros artistas que capitulan al mercado y a la supuesta “libre creación” en el capitalismo. Naturalmente no es que los autores ignoraran aquello sino que en este breve texto, el eje a desarrollar era otro.

Tarcus se muestra puntilloso en el recorrido y armado previo del trabajo y las distintas ediciones que aquí y en Europa éste tuvo. Lo de Breton es lo más vívido: el relato de sus encuentros con Trotsky, la perplejidad del ruso ante las “fantasías surrealistas” a quien le contraponía el “realismo” de un Zola (siempre según el francés). De todas maneras, la amplitud de miras del revolucionario bolchevique hizo que se familiarizara con la expresión que representa Breton y encontrara placer en ella.

La cuestión del arte y el marxismo, merece un tratamiento extenso que muchas veces no se ha hecho. La lucha de clases privilegia otros ámbitos y la propia obra de los clásicos deja ver esta ausencia con claridad 2. Trotsky en pleno auge de la revolución publicó Literatura y revolución, un trabajo con varios artículos de su cosecha a lo largo de más de una década 3. La experiencia del “realismo socialista” que el estalinismo implementó como “cuestión de estado” impactó vivamente en el antiguo jefe del Ejército Rojo.

Ya no eran sólo las observaciones tempranas a quienes sostenían una “cultura y un arte proletarios”, advirtiendo que un arte nuevo será hijo de una nueva sociedad y que mientras tanto hay que absorber lo bueno del arte burgués, que no es poco; sino que ahora toda creación artística (y científica) pasaba por el index del Secretario General del Partido. La asfixia era total y autores como Kafka, pintores como Picasso y hasta músicos como el gran Shostakovich (Stalin intentó “corregirle” una ópera) 4 eran tratados como símbolos del “arte burgués decadente”. No es casualidad que el nazismo contara con una “estética” y una crítica similar.

La redacción final y publicación del Manifiesto tiene dos cosas curiosas: una, que Trotsky no figuraba como autor del mismo, siendo que él había escrito gran parte del trabajo (ése fue su pedido: no quería verse como la “autoridad” ante los artistas firmantes) y la segunda, es que a la admonición por un “arte independiente” Breton quería agregarle la frase “siempre y cuando no atente contra la revolución”, aspecto al cual Trotsky se opuso y dicha expresión fue suprimida. 5 Quizás en 1923 una sentencia similar podríamos encontrar en sus textos, pero ahora estamos en 1938. La experiencia del estalinismo no había pasado en vano.

Como dijimos al comienzo el texto es muy breve. Cerramos esta nota citando algunos de sus postulados más célebres:

Si para el desarrollo de las fuerzas productivas materiales la revolución está obligada a erigir un sistema socialista de plan centralizado, para la creación intelectual debe instaurar y garantizar desde el comienzo mismo un régimen anarquista de libertad individual. ¡Ninguna autoridad, ninguna coacción, ni la más mínima huella de mando!

La independencia del arte para la revolución

La revolución para la liberación definitiva del arte


Notas

1: Las ediciones en español no son tantas. La editorial Pluma, antecesora de Antídoto, durante el exilio en Colombia de dirigentes del PST llevó a cabo una tarea monumental y realmente necesaria: la traducción de los Escritos de Trotsky que abarcan once años, de 1929 a 1940, encontrándose el Manifiesto… en uno de sus volúmenes.

2. Un trabajo que intenta una aproximación a dicha problemática, es la Introducción de Miguel Vedda al libro Escritos sobre literatura Marx y Engels (Colihue 2003). Recientemente Mariano Dorr: Marx y la literatura y un poco más atrás en el tiempo Las ideas estéticas del joven Marx de Adolfo Sanchez Vázquez, por nombrar unos pocos.

3. La edición que publicamos de dicho trabajo cuenta con un más que sugerente prólogo de Isidoro Cruz Bernal y agrega otras notas escritas por el revolucionario ruso. Ed. Antídoto 2005. Izquierda Web subió hace unos días un capitulo de dicha obra: “Arte socialista y arte revolucionario”

4. Para observar esta grosera intervención de Stalin y sus epígonos, consultar la novela de Julian Barnes El ruido del tiempo. Anagrama 2016

5: Aspecto que se halla magníficamente narrado en El hombre que amaba los perros del cubano Leonardo Padura

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