«¿Hola? Un réquiem para el teléfono» de Martín Kohan

Brevísima sinopsis, de un breve libro. Pero, quizás, como reza el viejo adagio: “lo bueno, si breve…

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Martín Kohan, con ya casi una decena de novelas escritas desde aquella primera ya lejana de fines del siglo pasado, con incursiones en el terreno de la crítica literaria y el análisis de  concepciones sobre las vanguardias artísticas… y de las otras(no olvidemos que es profesor de Letras en Filo), acaba de lanzar un libro relativamente pequeño: 125 páginas en una edición muy cuidada además de bonita, de la Editorial Godot, cuyo título es ¿Hola? Un réquiem para el teléfono.

El trabajo conforma una verdadera miscelánea, un caleidoscopio en donde conviven Roland Barthes con Rafaela Carráy, Walter Benjamin con Tangalanga. ¿Osadía del autor? Posiblemente, pero la misma se sostiene y pasa la prueba: divierte, reflexiona y rememora (no es casualidad que algunas líneas de Proust se den cita también).

Jugando con la analogía filosófica, es el aparatito creado por los Hermanos Bell a fines del XIX quien se convierte en el sujeto, en un fetiche, y en el cual su creador (nosotrxs) nos transformamos en meros objetos. Aquél que debía estar a nuestro servicio termina convirtiéndonos en sus devotos servidores (ya Cortázar, en otro libro “miscelánea” en los años sesenta, escribía que cuando nos regalan un reloj somxs nosotrxs los regalados).

El libro termina siendo una arqueología del teléfono, un mundo ajeno y desconocido para cualquier millennial (el teléfono móvil conforma otro universo, aunque también allí, la inversión sujeta/objeto se materializa), es la historia también de cómo el capitalismo al desarrollar determinadas fuerzas productivas, “moderniza” ciertas relaciones sociales y laborales, en su provecho, claro está. La paradoja (y esto vale para el antiguo y desaparecido teléfono de línea como para el digital) es que puede convertirse (y en parte lo es ya) en un medio para una mejor comunicación y un mayor tiempo libre, que sólo otro tipo de sociedad, podrá aprovechar y llevar plenamente a cabo.

El rastreo por infinidad de hechos (pequeños y grandes) de la vida cotidiana, que Kohan realiza; arranca sonrisas, asombros y como ya dijimos, reflexiones. El teléfono, a modo de “celestina”, en donde logra encuentros y desencuentros, esperas recompensadas y esperas inútiles, cuenta con varios y jugosos apartados. El teléfono como principal protagonista en el cine y la literatura: La llamada fatal de Hitchcock, ejemplo del primero y Emma Zunz de la segunda. En oportunidades es el propio autor quien habla y en otras, es un abanico variopinto de autores y personajes históricos y del mundo del espectáculo. Repasemos ésta:

El domingo 13 de enero de 1917, expulsado desde España llega Trotsky a Nueva York.  Alquilará un departamento en el Bronx. Isaac Deustcher consigna: “La modesta vivienda le proporcionó a la familia lujos desacostumbrados por primera vez en su vida, el futuro dirigente de la revolución tuvo un teléfono en su casa”.

Más adelante, ya en pleno avatar revolucionario, Trotsky y el mismo Lenin, se verán desbordado por ese “lujo” que en un principio los fascinó y ahora, no les permite un breve descanso reparador. La cantidad devino calidad.

Quizás, una de las más sugerentes es aquella que involucra al gran músico ucraniano Serguéi Prokófiev. Leemos:

Cito de Charlas breves, de Anne Carson: “Prokófiev estaba enfermo y no pudo asistir a la función de la sonata para piano nro. 1, interpretada por otro. La escuchó por teléfono”.

Cuesta imaginarlo ¿no?

Parafraseando a un viejo poeta argentino, ¿Hola?… es libro para leer en el bondi. Y no es un demérito: ocupa un lugar en aquella especie de libros en donde aun cuando parezcan estar tocando temas superficiales, la agudeza y por qué no, la profundidad, nos toman del cuello, y no nos largan. Como el tema del tiempo, aquel del cual, decía Borges que decía San Agustín: “si no me preguntan qué es, lo sé; si me lo preguntan, no lo sé”. Tiempo de la vida y tiempo de la política, también. Del teléfono de Trotsky en el Palacio de Invierno  al teléfono blanco de la época de oro del cine argentino.

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