• El documental “Cómo sobreviven los pobres en los Estados Unidos”, realizado por DW, muestra la cara que Trump niega: el capitalismo condena a las grandes mayorías a la miseria.

 

Los números de desocupados en Estados Unidos hace muchos meses que ya vienen siendo noticia internacional, pero a esto no sólo se le suma la crisis política con el movimiento Black Lives Matter, sino la pobreza y el hambre como tema cada vez más asociado al gran Imperio.

El dato principal surgió tras el informe de Philip Alston, relator especial de la ONU sobre la pobreza extrema y los derechos humanos, quien realizó una visita de investigación a los Estados Unidos en 2017. Siendo que según el último censo de EEUU, en el 2018 se contaba una cantidad de pobres de 38 millones, el dato es que lejos de las palabras de Trump que aseguran un mejoramiento, hoy estaríamos ante la existencia de 41 millones de personas viviendo en la pobreza, de los cuales 18,5 millones lo hacen en la pobreza extrema; y donde los niños representan uno de cada tres pobres (1).

Según la Reserva, el sector de pobres no desempleados se define por aquellos que tienen un ingreso familiar de hasta 40.000 dólares al año. Un número que a los ojos de aquellos países acostumbrados a la devaluación de su moneda y a la pobreza como problema estructural de sus economías, parece un ingreso igualmente alto, pero que dado al costo de vida en norteamérica, no hace más que dejar a millones bajo la categoría de “pobres” (2), colocando a Estados Unidos además, como al país con la tasa más alta de pobreza juvenil entre los países industrializados.

Al contrario de lo que asegura ese presidente que se cree que puede hacer y deshacer a su antojo, desde su llegada a la Casa Blanca, la supervivencia de los 40 millones de ciudadanos que viven por debajo de la línea de la pobreza se ha hecho aún más difícil.

Así es como lo muestra una nota del emblemático diario The New York Times, publicada esta semana, cuyo título que nadie asociaría a priori con el dueño del mundo: “Tener hambre en medio de la pandemia” (3)asombró a varios desprevenidos. Allí se resalta específicamente cómo se puede ver en las grandes ciudades el hambre, la pobreza mediada y recrudecida por la pandemia, con una duplicación de la atención en comedores, las colas largas solicitando comida y el reparto comunitarios de bienes básicos y elementales para el cuidado higiénico como agua y lavandina.

En sintonía con esto, también hace apenas unos días, salió una nota en la BBC, titulada: “Pobreza en Estados Unidos: cómo es vivir en Escobares, la ciudad más pobre del país más rico del mundo” (4). Allí, relatan la situación de esa ciudad de Texas, donde un 62,4% de su población vive bajo la línea de pobreza, y entrevista a una serie de vecinos que hablan no sólo de la falta de trabajo, de la migración para trabajar en los oleoductos del centro de Texas, sino que incluso se instala también, el tema del hambre.  «A veces no hay para comer”, “Gracias a Dios tengo familiares que me invitan un plato, pero pos me da vergüenza», cuenta una de las entrevistadas.

En este sentido, es que ya no sólo los izquierdistas y socialistas del mundo denunciamos ésto, sino que el mismo enviado de la ONU, citado anteriormente, da cuenta de esta situación de pobreza combinada con la pandemia, con las siguientes palabras: “Las personas en situación de pobreza están amenazadas desproporcionadamente por el coronavirus. Es más probable que trabajen en trabajos con un alto riesgo de exposición, que vivan en viviendas abarrotadas e inseguras, que residan en vecindarios que son más vulnerables debido a la contaminación del aire y que no tengan acceso a la atención médica”, dijo. «Las comunidades étnicas, que enfrentan un racismo persistente, corren un riesgo particular y mueren a tasas mucho más altas«. 

 

*Fragmentos del texto EEUU: Pobreza y hambre en en el centro del capitalismo mundial de Aye Obladi

 


Fuentes

 

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